Like a rolling stone
Escribo esto en el parador Mi Capricho, al pie de la carretera 15D, antes de pasar la caseta de Zinapécuaro, en Michoacán. Es un local de techo alto de lámina, sillas de madera, mesas cubiertas con coloridos manteles michoacanos protegidos con plástico transparente. En el menú hay sobre todo carnitas, aunque también tienen caldo de pollo, hay señal de internet, el café es decente y el baño está limpio. Si tan solo hubiera árboles alrededor y pudiera estacionarme bajo la sombra esto sería un oasis, pero afuera solo hay una gasolinera, mucho polvo, trailers de doble remolque y militares. Decidí parar para que mi coche, como caballo viejo que es, descanse un poco, aquí permiten entrar con mascotas y Cuco viene conmigo.
Pienso en el movimiento, en la itinerancia. Los últimos meses no he parado, pero tampoco he escrito como quisiera y la escritura siempre reclama. Admiro a las personas que pueden hacer su vida normal en movimiento, que pueden trabajar en cafés, concentrarse en los aeropuertos, dormir bien en los hoteles, ir al baño en donde sea. Se dice que Alonso de Ercilla escribió el poema épico La Araucana en plena guerra, entre trincheras, narraba las hazañas de Caupolican en pequeños trozos de pergamino o de cuero que rescataba de aquí y de allá, y debieron ser muchos porque La Araucana es un libro bien gordo. Esa misma cualidad la comparten las plantitas que crecen en cualquier grieta, germinan sin tierra y casi podría decirse que sus raíces caminan.
Para mí, por el contrario, el movimiento supone una detención de todo lo demás, mi cuerpo se mantiene en estado de alerta y no puedo pensar en nada que no sea el viaje. Cada vez me propongo ser una escritora itinerante y cargo con la compu, con los cuadernos, pero fracaso y el peso de la mochila se convierte en condena. Escribo alguna idea en el whatsapp o me mando mensajes de voz que nunca vuelvo a oír, siempre que puedo escribo en mi diario, hago algún dibujito o pego papelitos que voy recolectando, pero lo que se dice escribir escribir, nomás no puedo.
Suele hacerse la separación, falsa como todas las separaciones, entre vida y escritura. La vida es el vértigo de la experiencia, las emociones están a flor de piel y los acontecimientos nos precipitan entre meandros como un rápido entre las rocas, haciendo remolinos y cascadas, mientras que la escritura nace de la quietud, cuando los pensamientos pueden asentarse y es posible poner algo de orden, ver con claridad y reflexionar. Digo que la separación es falsa porque la escritura también es vida, al menos como yo la veo, la escritura que quiero está viva, respira y siente. Pero hasta ahora, solo puedo propiciarla, alcanzarla en la quietud. De paradojas está hecho el mundo, qué le vamos a hacer.
Fueron varios meses de viajes e itinerancia. Fuimos a Indonesia y a Japón, ya les contaré. Luego las ferias de Monterrey y de Mazatlán. Durante ese tiempo Cuco se quedó con mi papá en Guadalajara. Ahora regresamos juntos a casa, a la normalidad, a reinventarnos la rutina, que también es un espacio. Si los viajes y la itinerancia propician la transformación, la permanencia y la quietud conjuran un progreso consistente, la consolidación de eso que se ha transformado. Espero que la calma me permita escribir el recuento del viaje. ¡Hay tanto por pensar y asimilar!
En el avión de regreso de Japón pude ver por fin la película Nomaland (2020), donde una mujer en duelo decide vivir en un camper y entregarse a la itinerancia. Me conmovió mucho. Me di cuenta de que el viaje es un constante despedirse del pasado y dejar ir, mientras que la escritura, que también es un viaje, recupera. Van en sentido inverso. Quizá por eso es tan difícil atraparla al vuelo y está bien, el movimiento y la quietud se complementan. Ahora tocará detenerse y propiciar las condiciones para que la escritura suceda. Recuperar, dejar ir, recuperar, reiniciar cada vez el ciclo, es una respiración y lo que respira está vivo.





Ave!! Me encanta esto que escribiste, le diste justo al clavo con los insights, que hermosa la imagen de la plantita que echa raices donde sea. Me pasa lo mismo quiero escribir pero el viaje acapara. Por favor sigue subiendo estas entraditas, te mando un fuerte abrazo!